Nos conocimos con Cristina allá por el 2003… mi regreso luego de diez años de peregrinación, a la escuela de cine, buscaba cobijo. Y cobijo encontré en el seno del CDA (centro de documentación audiovisual).

En una mesa de mañana, nos reunimos Paty, Cristina yendo y viniendo, y los retazos de memoria de don Antonio Novello. Paralelamente a mis estudios de cine me he formado como fotógrafo, y tener entre mis manos el tesoro en vidrio de un archivo fotográfico “de época”, me deslumbró intensamente. Con ansiedad pasaba de una placa a otra, buscando y descubriendo la mirada de un fotógrafo que no conocía, o de un grupo de fotógrafos anónimos. ¿Cómo miraban? ¿Qué miraban? ¿a través de que lente? ¿en qué situaciones de luz?¿Cómo y qué encuadraban? ¿Qué lugares y personas, que acontecimientos personales, sociales, culturales y políticos tuvieron la dicha de registrar y documentar? Fueron mañanas de ensueño en las que no sólo aprendí a desempolvar una placa, sino que gocé del privilegio de escuchar de primera mano las descripciones y pesquisas de Cristina. “Esto debe ser..” “Este edificio por la perspectiva es..” “la fecha de esta placa es entre tal año y tal otro, porque esta cartelería comercial del fondo sólo estuvo hasta el año….” “este funcionario estuvo en su cargo en los años…” “por la fecha son los hijos de…”

En algo pude palpar el oficio del historiador. Su arqueología de datos, su reconstrucción minuciosa de situaciones espacio temporales para darle vos a esa fotografía en la trama de la historia. Un documento, un testimonio mudo que comienza a hablar, esto de que una imagen cuenta mas que mil palabras, en la voz de los ancestros enmudecidos por el polvo, hasta ese momento. Y Cristina y Paty, corriendo el velo, para que esas imágenes hablen nuevamente.

En aquella mañanas de 2003 viví como un privilegiado el hecho de participar y ver de cerca el funcionamiento de un centro de guarda, conservación y estudio de esas 8.600 fotografías de don Novelo, en un espacio acondicionado con altos estándares internacionales. Y particularmente viví como un privilegiado el encuentro humano con Cristina y Paty, dos personas de gran corazón entregando su pasión a revelar este pasado reciente, y compartirlo. En ese entonces, sentía que el tesoro fotográfico mas grande y valioso de la ciudad estaba siendo desenterrado, y yo podía asomarme a chusmear en él. Pasó un tiempo, finalicé mi carrera, y me distancié de aquellas tareas y no supe de Cristina Hasta que ella se hizo escuchar ella nuevamente:

En el mismo momento que aparecía el libro Fragmentos de una historia -Córdoba 1920- 1955, Fotografías periodísticas de la colección Antonio Novello” con parte de las fotografías de Don Novello en 2005, El tesoro no era el único, ya que ese mismo año, Cristina Publica “El Cauce Viejo de la cañada”, con fotografías mayoritariamente de Tristan Paz Casas, quien logro retener cada esquina del tortuoso cauce del arroyo a dos meses antes de empezar las obras de sistematización.

Nuevamente estupefacto. Durante años he vivido a una cuadra de Humberto Primo y la cañada, y he trabajado en barrio Guemes en el Teatro la Luna, y caminar la cañada de un extremo a otro de su primera canalización, fue parte de un viejo y actual romance con el arroyo. Algo de mi historia familiar se vincula al mismo también, ya que mi abuelo fue de los ingenieros que contribuyeron a su “modernización”.

Y Cristina nuevamente desempolvando tesoros. Ya no era sólo Novello, sino ahora también Paz Casas, un nuevo nombre para dar cuanta de la historia de la fotografía en Córdoba. La misma que cuando estudiante, sólo se remontaba a don Anselmo Pérez, y mas allá un páramo indefinido.

Hace un par de meses, me reencontré con este libro de la Cañada, y el poder de sus imágenes nuevamente me cautivó, cada cruce, cada puente, las partes traseras de las casas, una ciudad que despierta la imaginación, una narración paralela se desata de aquellas postales rescatadas del instante preciso previo a una supuesta modernización. Postales que hoy son un atentado al olvido, y un cuestionamiento a cierta manera de encarar el desarrollo. Y este fotógrafo valiente y visionario, quien nos dona su mirada, rescatada y publicada por Cristina.

Pero ella, no conforme con esto, nos trajo a la luz en 2008 a “Córdoba fotografiada entre 1870 y 1930” con fotografías de los primeros artistas -fotógrafos radicados en Córdoba, de los cuales ella hace una mini biografía de cada uno, periodizando y localizando sus estudios en la ciudad, mas de 25 logro contar y citar.

Un tesoro mas! Ya en ese momento mi visión de Cristina y su tarea, estaba en pleno cuestionamiento, ¿cuantos eran los tesoros? ¿de Dónde los sacaba?, ¿cúal era la historia fotográfica de córdoba, cuantos los fotógrafos, que material legaron? ¿cómo rastreaba ella todo este valioso material, y conseguía darle forma y cuerpo de publicación?

Córdoba ya no tenía para mi una historia ciega, privada de miradas. El velo estaba corrido, y aún faltarían “La Ciudad Visible, Córdoba en 1910”, con aquellas imágenes que se adaptaban a los cánones de visibilidad de la Córdoba del centenario (fotografías de los ….. y de ….. entre otros). Y por si esto fuera poco, y para terminar de sorprendernos, el libro que hoy nos convoca, “Historias reveladas, Córdoba 1870-1955”, con fotografías de Jorge Pilcher, Troisi, Tey, Henin, Troisi, Rovelli, Tey, Barth, Henin y varios anónimos. De los cuatro primeros ya había escrito en 2013 un largo articulo “Entre artistas y gráficos, el lugar de la fotografía y de los fotógrafos de Córdoba entre 1870 y 1930”. Allí analiza sus andanzas, sus trayectorias, sus relaciones sociales, familiares y sus maneras de insertarse a la sociedad cordobesa.

Y entonces la pregunta se actualiza, ¿Quien es Cristina?, ¿cómo trabaja? ¿que hace para desenterrar tesoros, debajo de cada baldosa?

Hace dos años estaba en Bs. as, y asistí a una charla de valor histórico, donde Sara Facio y Cristina Fraire eran homenajeadas por los 40 años de la editorial La Azotea, primera editorial sobre fotografía en Latinoamérica, todo un hito que continua vigente, y publicando, con varios libros de fotografía histórica argentina memorables. Cobré mas conciencia en aquella charla del profundo vínculo entre fotografía y la tarea editorial, fundamentalmente cuando se trata de piezas históricas, a las cuales se les prolonga su vida, se detiene su deterioro de alguna manera, y se les da circulación y rescata de cajones olvidados o celosamente guardados…

Una editorial, es una emprendimiento complejo, imbricado, difícil de sostener, caro, engorroso. Es una lucha titánica, contra los molinos de viento, conseguir el material, darle forma, realizar la investigación histórica circundante, lidiar contra las instituciones públicas y familiares que se resisten a salir a la luz, lidiar con imprentas, trámites burocráticos, tintas, papeles, tiradas, diseños, costos, circuitos de distribución de difícil acceso, prensa, y presentaciones de libros como esta que nos convoca. Y en Córdoba, de alguna manera Cristina sóla, es una Casa Editorial, con 5 libros publicados sobre fotografía histórica de la ciudad y la provincia. Una Tarea de gran escala para una persona, llevar adelante cinco libros (exclusivamente sobre fotografía histórica, mas sus publicaciones de textos etc.).

Y esta “casa” Editora que nos convoca generosamente hoy: Ella inició su pasión y su trabajo con sus tesis de licenciatura y doctorado sobre la Ciudad de Córdoba desde 1880 y su expansión, y en ese camino se topó con las fotografías como documento, sus autores, sus períodos, dicho en sus palabras:
“La idea es no usar la fotografía como ilustración sino como documentos históricos, darle un anclaje en la historia y el espacio, creo que es eso lo importante de mi trabajo y que h sido útil para otras investigaciones.”

Hace un par de semanas estuve en su casa buscando material para poder dar unas clases sobre conservación de fotografías.

Escucharla hablar y reconstruir historias a partir de los relatos de su madre, y de su abuela buscar sus fuentes, aquellas personas y familias en las que inspira la confianza necesaria para que faciliten sus archivos, el rastreo de los vínculos de una persona a otra, de una flia a otra, la pesquisa de las huellas y los indicios en cada imagen, cada nota, fachada, cartel, o senda, una arqueología vivaz y dinámica en continuo movimiento que no cesa. Me comentó de tres o cuatro proyectos más en marcha, y archivos en proceso de salir a la luz. Y del próximo libro.. Pero lo que mas me conmueve de compartir con ella es escucharla hablar de estas redes de relación, y es la trama humana. Su madre me recuerda a mi abuela. Quizá por esa impronta de arqueología afectuosa y afectiva, efectiva de corazón a corazón. Esa pasión social, humana, por las relaciones, y los vínculos. Y siento que estos cinco libros son testigos, y ya no ciegos, de una red de relaciones restaurada y reanimada por la “Casa Editora ”.

El libro que nos convoca, puntualmente tiene unas 36 fotografías, y la reconstrucción hilvanada de su contexto e historia. Fotografías de Troisi, Rovelli, Pilcher, Tey, Barth, Henin… e imágenes facilitadas por Flia Rinaldi, Isabel Cafferata Nores, flia Agostinelli, Virginia Céspedes, Tristán Paz, entre otras.

Las inguietantes escenas de una narración exhuberante, hablan de una olla al fuego en una escena familiar de afrodescendientes, en un campo-ascochinga 1880, el transporte de exportación de calzado, montado en carretas, los baños públicos de Guemes, los rostros de la primer camada de médicos, de 1884, parte de las cuadrillas de 2.500 obreros que construyen los diques San Roque y Mal Paso 1887, el interior del desaparecido hotel Roma 1925, una fonda en Ballesteros en 1920, y un almacén de Ramos Generales e Río cuarto en el mismo año, son algunas de las vibrantes postales que nos ofrece este libro.

La lista de escenas increíbles, y de fotógrafos y archivos en mano de Cristina se amplía año a año, y mis preguntas de fotógrafo a fotógrafo se vuelven recurrentes:

¿Cómo miraban? ¿Qué miraban? ¿a través de que lente? ¿en qué situaciones de luz?¿Cómo y qué encuadraban? ¿Que lugares y personas, que acontecimientos familiares, sociales, culturales y políticos tuvieron la dicha de registrar y documentar? Y a todas estas preguntas, les subyace otra, sobre la “Conciencia Histórica”, ¿tenían estos fotógrafos, conciencia histórica, en el momento de sus capturas? ¿Tuvieron sus familias o las instituciones intervinientes conciencia histórica en los momentos de guarda del material? Las respuestas son variadas, a veces mas precisas, otras menos. Pero definitivamente, la tarea del historiador es creativa y potente en este punto. Permite reconstruir, o construir una conciencia histórica a partir de las cenizas. Narrar un sentido desde el testimonio de documentos muchas veces desvaídos. Una narración que aunque “atada a realidad” y contrastada en las fuentes no deja de ser literaria, no deja de ser un cuento que permite vernos en perspectiva hacia el futuro, el único que nos brinda certezas. La vista vuelta atrás como en todos estos magníficos libros, constituye un tanteo incierto en la oscuridad de lo desconocido. Gracias a la tarea de Cristina tengo la certeza, de que los tesoros fotográficos que alberga nuestra historia son infinitos, y de que el motor de la conciencia histórica, nos permitirá de manera cierta, construirnos curiosos y creativos, enlazados y humanos desde hoy, hacia adelante.

En el marco de la Feria del Libro, Septiembre del 2014